El caso en favor de una moneda común: El Amero

EUA

La integración comercial ocurrida entre Canadá, Estados Unidos y México a partir de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del norte (TLCAN), ha generado volúmenes de comercio e inversión entre los tres países de dimensiones extraordinarias. Ni quienes propusieron el Tratado, ni sus detractores, soñaron jamás que los flujos comerciales y de inversión alcanzarían los niveles que han adquirido. La forma en que el TLCAN permitió que la economía mexicana superara en escasos seis semestres la crisis en que cayó en diciembre de 1994, contrasta notablemente con lo ocurrido en los ochenta, cuando nuestra economía cerrada contribuyó a que la recuperación frente a la crisis de la deuda tomara casi siete años.

En este contexto, es natural que la siguiente etapa de discusión sobre qué hacer para mejorar aún más los beneficios que se pueden derivar de la vecindad con la región norteamericana incluya el planteamiento de nuevas formas de acercamiento institucional. Una de las ideas más socorridas ha sido la de proponer una unión monetaria de la región como el medio idóneo para superar las recurrentes crisis cambiarias que tanto daño han hecho a México y, en menor medida, a Canadá en las últimas tres décadas.

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Herbert G. Grubel

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