El Informe del “hubiera”

Congreso

El Presidente no leyó correctamente su momento, no entendió el papel que la historia lo llamaba a jugar y no supo priorizar, esos fueron sus errores.

Se trata del último Informe del primer gobierno de la alternancia. En ese contexto, es obligatorio hacer un balance general sobre la gestión de un Presidente, polémico y rústico, cuyo lugar en la historia está todavía por escribirse.

Hay muchos indicadores de desempeño de una administración. En la medida que los gobiernos se hacen complejos, los sistemas para evaluar el resultado de su trabajo se vuelven más sofisticados y en buena medida objetivos. Empero, la evaluación política de un gobierno difícilmente puede medirse con plena objetividad.

Han sido muchos los esfuerzos que, desde la academia y algunos organismos internacionales, se han hecho para medir la gobernabilidad de un Estado, pero los mecanismos de medición y cálculo adolecen de importantes fallas que los hacen, todavía, instrumentos precarios e incompletos. No contamos, pues, con un índice de gobernabilidad confiable, como los estudiosos de la pobreza cuentan con índices de desigualdad o como los economistas disponen de índices de crecimiento o inflación.

Para analizar el desempeño político de un gobierno hay que emprender un análisis más cualitativo que cuantitativo. Con el fin de realizar dicha evaluación, debemos preguntarnos: ¿Qué es lo que ese gobierno tenía que hacer? ¿Cuáles eran sus prioridades? ¿Cuál era su deber?

Lo más difícil en política es priorizar y establecer con claridad las tareas y el deber de un gobernante. Encontrar cuál es el mandato en que lo colocan el voto de la gente, las circunstancias políticas del país y el momento histórico en que asume su responsabilidad.

Todos los gobiernos realizan una gran cantidad de actividades. Pero hay tareas que son, históricamente, obligatorias, indispensables y prioritarias. Si esa agenda se equivoca. Si el político, el gobernante, no tiene la inteligencia y la visión de leer correctamente su momento, aunque cumpla de manera satisfactoria con todas las demás tareas, aunque haga muy bien lo demás, el balance de su gobierno será negativo.

¿Qué tenía que hacer Fox? ¿Cuál era su deber? El momento histórico que le tocó entrañaba una gran responsabilidad. Implicaba la necesidad de hacer cambios profundos, que exigían innovación, audacia y visión de Estado, que no tuvo.

Fox encabezaba un gobierno claramente de transición, que estaba obligado a colocar en el centro de sus prioridades la consolidación de la democracia. La tarea central de la administración 2000-2006 era la política, como ha sucedido en la historia de todas las transiciones a la democracia.

Lo que Fox tenía que hacer era darle forma a un nuevo régimen de gobierno. Su tarea era construir, desde las formas, hasta las instituciones, un nuevo sistema político, lo que implicaba la reforma del Estado, la electoral y una nueva forma de relación entre actores políticos.

El momento que vivió Fox era único e inmejorable. Tuvo el más amplio bono democrático para operar, el respaldo de la ciudadanía y un país ordenado en el que el viejo régimen abandonaba el poder en paz, dejando instituciones fuertes y una economía estable.

Esa era la oportunidad que se abría para consolidar la democracia. Pero no lo hizo. No cumplió con su deber, no hizo lo que se esperaba de él, lo que México necesitaba que hiciera. El Presidente no leyó correctamente su momento, no entendió el papel que la historia lo llamaba a jugar y no supo priorizar. Esos fueron sus errores. En su sexto Informe, Fox no podrá informar que entrega un país en paz, porque el saldo político de esta administración es desastroso. Tendrá que hablar de un país con severos problemas de gobernabilidad y un gran déficit democrático.

Fox resultó un hombre que no pudo y no supo ejercer el liderazgo de la Presidencia en democracia. Impotente, incompetente, indiferente a la política y ajeno a la realidad. Atrapado en su ignorancia y en sus prejuicios, no entendió que su prioridad era construir una democracia moderna, en la que todos los actores pudieran estar hoy, sentados a la mesa, construyendo acuerdos y tomando decisiones.

El último Informe será un fiel reflejo de su incapacidad y su torpeza política. Lo político lo informará sin palabras. Asistirá, si lo logra, a un recinto aislado, bajo un cerco policiaco, rodeado de muros metálicos y con tanquetas antimotines. Con un Congreso hostil, porque nunca supo construir puentes, así como con la ausencia de su sucesor electo y del principal líder de la oposición.

Su herencia es la de un país dividido y políticamente debilitado. Mucho peor de como él lo recibió, con un sistema político que no cambió, en el que los poderes fácticos avanzan y retan al Estado.

México no se merece lo que estamos viviendo. El próximo 1 de septiembre asistiremos al Informe del “hubiera”. Todos pensaremos, con tristeza, lo que hubiera sido este país, políticamente, si al frente del gobierno hubiera estado un hombre competente, mesurado y con visión de Estado. Lo que hubiera sido…

e-mail: sabinobastidas@hotmail.com

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