El “tridecálogo” de Peña

Administración Federal

Durante su discurso con motivo de su toma de posesión como presidente, Enrique Peña Nieto señaló que su naciente gobierno había tomado trece decisiones fundamentales. Entre ellas estuvieron un plan de austeridad y disciplina presupuestal, la ampliación de programas asistencialistas para adultos mayores y jefas de familia, una Ley de Responsabilidad Hacendaria y Deuda Pública a fin de ayudar al saneamiento de las quebradas finanzas públicas de las entidades federativas, entre otras que pueden consultarse en: http://www.presidencia.gob.mx/articulos-prensa/mensaje-a-la-nacion-del-presidente-de-los-estados-unidos-mexicanos/. Ahora bien, más allá de la factibilidad de avanzar esas “decisiones” y de las diferencias de tiempo y esfuerzo que requeriría el cumplimiento de cada una de ellas –no es lo mismo desistir de una controversia constitucional (lo cual ya se tramitó para facilitar en próximos días la promulgación de Ley de Víctimas), que emprender la hercúlea labor de unificar los códigos penales—, es pertinente analizar qué clase de mensaje envía la administración entrante con este “tridecálogo”.
En primer término, a diferencia de otros sexenios que comenzaron con el fraseo “propuestas” para referirse a los propósitos inaugurales de la Presidencia de la República, el de Peña da un “golpe de timón” en cuanto a su estrategia de comunicación al plantear “decisiones”. La importancia simbólica de esto no es menor. La administración pasada en el Ejecutivo Federal demostró que una retórica ineficaz -y una mala estrategia de comunicación- puede tirar por la borda todo un trabajo bien hecho. El nuevo gobierno, a pesar de no llevar ni siquiera una semana en el poder, ya pretende posicionarse como uno de gestión exitosa. En segundo lugar, contrario a la naturaleza del Pacto por México, las trece decisiones se sustentan en facultades ejecutivas del presidente, muchas de las cuales, a pesar de sujetarse a negociaciones legislativas, en especial en materia presupuestaria, tendrían un nada despreciable grado de factibilidad dada la fuerza de las bancadas aliadas a Peña en ambas cámaras del Congreso, y el respaldo que tendrían en ciertos sectores de la oposición. Tercero, varios de los temas presentados como determinaciones del gobierno entrante, en realidad sólo le dan continuidad a acciones iniciadas durante la presidencia calderonista, por ejemplo, el proceso de licitación de cadenas de televisión, la ampliación de los proyectos de infraestructura y las reformas al sistema educativo. No obstante, la ciudadanía –y más en específico, el electorado—tenderá a recordar más a quien concretó las propuestas, que a quien las ideó.
Finalmente, habría que agregar una decimo cuarta decisión que, probablemente, sea más fehaciente y relevante respecto a las demás: la definición de los puestos clave en su gabinete. Contrario al método de head-hunters o “buscadores de talento” utilizado por Vicente Fox, o a la explosiva mezcla de cuotas de incondicionales, género y favores partidistas que caracterizaron las designaciones calderonistas, Peña intentó privilegiar eficiencia y experiencia. No es casualidad que, por ejemplo, ex legisladores como Pedro Joaquín Coldwell, Luis Videgaray e incluso el mismo Jesús Murillo Karam, ocupen cargos que tendrán intensa interacción con el Congreso en asuntos fundamentales como los energéticos, fiscales y de procuración de justicia, respectivamente. Por su parte, la llegada de José Antonio Meade a la Cancillería es una señal de que el tema central de las relaciones exteriores será el económico, sobre todo enfocado en resarcir la imagen negativa de México en el mundo derivada del fenómeno del narcotráfico y la violencia que le subyace, cambiándola por una de país próspero, atractivo para las inversiones, y en pleno desarrollo.
Sin duda, una semana es absolutamente insuficiente para evaluar una gestión de gobierno. Confiemos en que la administración entrante sea algo más que un eficaz trabajo de comunicación e imagen. Pero lo significativo es que, en menos de una semana, ha logrado crear una imagen de éxito. Ese no es un logro menor.

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