¿Importa la oposición en 2014?

Morena

2013 fue un año histórico en materia de reformas constitucionales aprobadas en el Congreso. Sin duda, la pericia de los operadores afines al gobierno federal en el Poder Legislativo y la alineación de las dirigencias nacionales de los dos principales partidos de oposición vía el Pacto por México, fueron factores cruciales en la materialización en leyes de las iniciativas impulsadas desde Los Pinos. Sobre este último punto, los grupos dominantes al interior del PAN y el PRD pueden “presumir” haber sido partícipes –o corresponsables, como se prefiera—de las reformas, sin olvidar las prerrogativas económicas obtenidas vía el Presupuesto de Egresos. Ahora bien, ¿qué panorama le espera a la oposición en 2014?

Más allá de si el Pacto por México subsiste o no, la oposición encarará un 2014 harto complejo. Desde la perspectiva de su dinámica interna, tanto PRD como PAN estarán en pleno proceso de renovación de sus presidencias nacionales. A la fecha, ninguno de los dos procesos tiene una fecha definida para su realización, a pesar de que el periodo de gestión de Gustavo Madero en el PAN venció el pasado 4 de diciembre, mientras que el de Jesús Zambrano en el PRD está por concluir en los próximos meses. No obstante, el principal conflicto de ambos partidos no es la definición de sus plazos, sino el encarnizado y potencialmente destructivo carácter de sus contiendas por el poder. El PAN podría enfrentar un cisma similar al ocurrido en 1992 con los llamados foristas, quienes se oponían a la colaboración de la cúpula de su partido con la administración del presidente Salinas. En cuanto al PRD, el problema de las frecuentes pugnas entre sus llamadas “tribus” deberá capear un elemento fundamental: la formación de MORENA como partido político. El movimiento lopezobradorista, una vez constituido en un ente sujeto a financiamiento público y lugar en la competencia electoral, seguro atraerá a varios militantes de los demás partidos de izquierda, entre ellos el PRD. Así, llevando la situación al extremo, los dos frentes principales en la oposición estarían entrando en una atomización cuyo mayor beneficiario sería, por supuesto, el partido en el poder.

Si se ven los escenarios de la oposición de forma más optimista, es decir, que PAN y PRD consiguieran evitar escisiones significativas y pudieran encontrar un proyecto de unidad interna, de todos modos el panorama no se percibe halagüeño. En el Congreso, la principal arena política, el gobierno del PRI cuenta con suficientes aliados en el Partido Verde y Nueva Alianza no únicamente para sacar casi en solitario la agenda pendiente de la reglamentación de las reformas constitucionales de 2013, sino que incluso abre la posibilidad de manipular dichos procesos a favor de intereses priistas y borrando la influencia de la oposición. Asimismo, los márgenes de maniobra del PRI se incrementarían aún más si artificialmente, vía la inyección de recursos públicos, se presenta un 2014 con un crecimiento económico aceptable. Esto daría una impresión falsa, aunque creíble, de que el gobierno federal está conduciendo a México por la ruta correcta. Este bono le ayudaría a los priistas de cara a los comicios intermedios de 2015, dejando a la oposición con pocas armas para defenderse. Esto último se agrava ante la ausencia de liderazgos claros en el PAN y el PRD, así como con la inexistencia de una estrategia para recuperar el favor de la ciudadanía.

En la actualidad, el problema de la oposición no es tanto haber colaborado con el gobierno por medio del Pacto por México; ni siquiera lo es el fantasma de la fractura interna de sus partidos. De acuerdo con el artículo 41 de la Constitución, “los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática”. Sin embargo, tras la declaración de Madero de que “lo político no es tema para los ciudadanos, les vale madre, es un tema que lo sienten muy alejado”, hay un reconocimiento tácito de la ineficacia de los partidos, en especial los de oposición, para revertir el desinterés ciudadano señalado por el mismo presidente del PAN. Dicha apatía es el alimento predilecto del statu quo.

Ironicamente, quizá el mayor reto para este año será para el PRI, pues ahora que tendrá la posibilidad de avanzar legislación sin el apoyo de los partidos grandes, tendrá que enfrentar a sus propias huestes y a los intereses que estas representan. Es fácil minimizar este hecho, pero la experiencia del año pasado sugiere que una función importante del PAN y del PRD fue la de “disciplinar” al PRI, impidièndole que sus grupos internos dominaran el proceso. En ausencia de esa presión, este año la dinámica será muy distinta y por demás reveladora.

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