Ninis en el 2011

Salud

En este año que termina, el término “nini”, que hace referencia a los jóvenes que “ni estudian ni trabajan”, se volvió parte del vocabulario colectivo. En el discurso, el enfoque más común fue destacar que los “ ninis ” son más propensos a incorporarse al crimen organizado y que, por lo tanto, es urgente generar incentivos para que las empresas los quieran contratar. Sin embargo, este discurso, si bien es atractivo, ignora quiénes son realmente estos jóvenes. Sin analizar a detalle la composición de esa población, cualquier propuesta de solución se quedará en lo superficial.
En México existen 36.2 millones de jóvenes entre los 12 y 29 años. De éstos, 7.8 millones no estudian y tampoco tienen un empleo remunerado. Sin embargo, lo verdaderamente llamativo es que el 75% de estos jóvenes “ninis”, es decir, casi 6 millones, son mujeres. De éstas, la gran mayoría (72%) se dedica a tareas domésticas y se estima que casi el 60% tiene hijos (Encuesta Nacional de la Juventud, 2010).
Estos datos abren el abanico de soluciones. En primer lugar, es posible que muchas mujeres no estén buscando un trabajo remunerado porque lo que obtendrían no compensa el costo de abandonar sus labores domésticas. Así, muchas de las mujeres “ninis” lo serían por decisión propia y porque gozan del privilegio de que otros miembros de la familia tengan empleos remunerados.
Por otra parte, si la incorporación de la mujer al mercado laboral ha contribuido a que haya más “ninis” –porque son jóvenes que crecen con madres que, por tener jornadas laborales largas fuera de casa, no le invierten tanto tiempo a la educación de sus hijos–, entonces que haya mujeres en casa debería ser visto como algo neutral pero no necesariamente malo. En este sentido, las políticas públicas tendrían que estar diseñadas para que las mujeres pudieran tener empleos flexibles. También ayudaría contar con servicios públicos que les permitieran no tener que absorber tantas tareas: es bien sabido que entre más deficientes son los servicios como agua, guarderías o servicios de salud, más tiempo tienen que invertir las mujeres en sus labores domésticas.
Otra reflexión es que, como ha señalado en varias ocasiones el Subsecretario de Educación Superior, Rodolfo Tuirán, el fenómeno “nini” no es nuevo y en las últimas décadas ha ido, no aumentando, sino disminuyendo. El análisis del Subsecretario señala: en 1960, los “ninis” eran seis de cada 10, en 1990, uno de cada tres y en 2010, casi 1 de cada 5. Tanto para hombres como para mujeres estos números van en caída, aunque las mujeres llevan un retraso. Y si estas cifras son correctas, tendríamos más bien que preguntarnos qué hemos hecho bien y qué nos ha faltado, y trabajar en lo segundo.
El problema de la palabra “nini” es que nos lleva a ver el vaso siempre medio vacío, es un concepto demasiado general, y siempre servirá para justificar una u otra agenda política. Un análisis más profundo vale la pena.

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