La reforma energética va tomando forma

Presidencia

El PRI presentó finalmente su propuesta de reforma a Pemex, lo que representa un paso concreto hacia la aprobación de una iniciativa legislativa en la materia. El Gobierno Federal reaccionó positivamente, haciendo énfasis en las coincidencias (que no son pocas) entre esta y la propuesta de Calderón. Incluso parte del PRD –Graco Ramírez– se expresó en términos positivos de la iniciativa priísta. Por supuesto, hace falta mucho antes de que se concrete una reforma. Están dados los incentivos para alcanzar un acuerdo, pero hay todavía puntos de suma relevancia por resolver:

* El PRI va por la captura de Pemex –y por ende su autonomía de la actual supervisión de Hacienda. También tiene razones para preferir que se de ahora la aprobación de una reforma necesaria, pero impopular –cuando los costos mayores son para Calderón y el PAN- y no tras un potencial regreso tricolor a Los Pinos. En contraparte, es de reconocer que el PRI actuó como partido responsable, no cediendo al chantaje del PRD, presentando una iniciativa con puntos positivos y justo antes de la sesgada consulta perredista.

* Por su parte, el Gobierno Federal se ha decidido a apostar en serio por la reforma, cediendo a lo que ha pedido el líder priísta del Senado. Un fracaso en el legislativo representaría un fuerte golpe en lo político, una presión potencial para las finanzas públicas y una señal negativa para inversionistas y mercados. Si bien el gobierno gana por el hecho de que avance la reforma, en el camino perdió la iniciativa política.

* La propuesta del PRI prohíbe: 1) la participación privada en refinación y almacenamiento (aunque permite participación privada indirecta a través de esquemas de arrendamiento financiero); y 2) los contratos de producción compartida y de riesgo (aunque permite y detalla los contratos de servicios incentivados). Con lo anterior se limita el escaso margen de participación privada contemplado en la iniciativa de Calderón, aunque se mantiene el punto clave de los contratos incentivados (los instrumentos sui generis concebidos por panistas y priístas para explotar yacimientos en aguas profundas, que significan el 90% de la sustancia de estas reformas). Sin embargo, el hilo se podría romper por el tema de la “autonomía” para Pemex. El PRI apuesta por ganar más control sobre la paraestatal y en un lapso de tiempo menor, esta es la última carta que un presidente quisiera ceder.

* El rol del PRD en la reforma ha evolucionado con la disposición mostrada la semana pasada por Acosta Naranjo para buscar el diálogo con los dirigentes del PAN y PRI, y el anuncio hecho por Navarrete de que el PRD presentará una iniciativa elaborada por Cuauhtémoc Cárdenas y Graco Ramírez. Esto contrasta con la línea invariable de AMLO. Queda por ver cuál es el espacio de maniobra real de los chuchos una vez que López Obrador y los suyos pasen del discurso a las acciones radicales.

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