Partidos Políticos

Peña Nieto

PAN

Este fue un año de fracasos electorales a nivel local para el Acción Nacional. Las razones de estas derrotas están, por un lado, en la gran estructura territorial que posee el PRI en el país (respecto a la cual el PAN no puede hacer mucho, al menos en el corto plazo) y, por el otro, a la ausencia de una estrategia partidista definida en materia electoral, producto de sus propios procesos internos. Durante las dos asambleas celebradas a lo largo del año (abril y julio) se realizaron cambios con miras a hacer más competitivo al partido rumbo a las elecciones intermedias del 2009 y resolver el problema de la ausencia de estrategia. Algunas de las modificaciones más destacadas fueron en los procedimientos de afiliación al partido, la creación de Comités de Planeación Estratégica y Plataforma Electoral, entre otras. A finales de año, se percibía una estrategia centrada en la idea de unificar al partido, la exhumación de Vicente Fox para capitalizar lo que resta de su ascendente sobre la población, e incluso la posibilidad de reconstruir la alianza con el ala más conservadora del panismo. Sin duda, estos giros demuestran una clara dedicación a volverse más competitivos electoralmente. Sin embargo, no resuelven todos los cuellos de botella que han obstaculizado al partido. La verdadera apuesta debe estar en el fortalecimiento de la gestión presidencial para construir una fuerza política con verdadera presencia nacional.
PRI

En el segundo año de la administración calderonista, el PRI sigue siendo un actor con enorme poder e influencia en el sistema político. En 2008, el PRI se alzó con victorias arrolladoras en las elecciones locales y se convirtió en el fiel de la balanza en el Legislativo (a pesar de ser tercera fuerza). Además, es probable que obtengan la victoria en las elecciones intermedias a celebrarse el próximo año. El partido está bien posicionado para recuperar más espacios políticos porque (como demostraron a lo largo del año) han sabido poner en marcha la maquinaria. Sin embargo, el poder al interior del partido está –como en sus orígenes históricos– muy pulverizado. Incluso el muy popular Peña Nieto sólo llegaría con el apoyo de Beatriz Paredes y Manlio Fabio Beltrones, quienes comandan las otras corrientes importantes –pero no hegemónicas– de partido. Esto no representa, en el corto plazo, un obstáculo para traducir las victorias electorales de este año en votos para los comicios federales del 2009. El PRI ha logrado posicionarse a pesar de no haber renovado sus filas, sus prácticas, ni su manera de hacer política; lo cual es revelador de su naturaleza y debilidades: los triunfos del PRI son producto de las viejas estructuras, en tanto que su influencia política es resultado del desorden del PRD y del mutismo del PAN.
PRD

Este fue un año complicado para el partido del sol azteca producto de la división interna entre corrientes, lo cual permeó su proceso de renovación de dirigencia, su capacidad de negociación en el Legislativo y su competitividad a nivel local. La renovación de la dirigencia celebrada en marzo llevó al partido a un proceso muy desgastante, envuelto de impugnaciones y señalamientos de fraude por parte de la izquierda institucional de los Chuchos y la izquierda radical de los lopezobradoristas. El conflicto toma una salida alterna con la designación de Guadalupe Acosta Naranjo como presidente interino. Acosta Naranjo es visto como un actor moderado –aunque cercano a los Chuchos– lo cual le permite reconciliar las posturas de ambas corrientes por un tiempo. Mientras tanto, la discusión de la reforma energética y la crisis en materia de seguridad pública opaca las tensiones internas del PRD y le permite mantenerse en la sombra. Sin embargo, en noviembre el Tribunal Electoral revoca el fallo de nulidad de la elección interna perredista y declara vencedor a Jesús Ortega, quien tiene ahora la encomienda de recomponer al partido buscando restablecer el equilibrio interno. A pesar de que logra insertar el debate en el tema energético, AMLO pierde fuerza como actor relevante en la vida política nacional. Marcelo Ebrard, mientras tanto, aprovecha la visibilidad política que le otorga la jefatura de la capital para convertirse en una figura política prominente hacia el 2012. El partido, sin duda, ha pagado la factura de la pugna interna con la caída en simpatía hacia el PRD, y el costo será aún más claro cuando los electores castiguen al partido en la elección intermedia del próximo año.

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